Elementos culturales de los guarijíos Los guarijíos de Sonora pertenecen a una cultura nativa tradicionalmente marginada. Es un grupo cuya información histórica y etnográfica es escasa. Enfrentados a un proceso de aculturación y defensa de su identidad, los guarijíos de hoy constituyen un ejemplo de supervivencia lingüística y cultural, que ha existido por casi 400 años al dominio externo. Su presencia en el estado fue “descubierta” hasta 1930 por unos investigadores estadounidenses. El origen étnico y geográfico de los guarijíos permanece incierto. Fuentes misionales de la colonia en el siglo XVII, mencionan la existencia de varias tribus ubicadas en la región que comprende los límites de los estados de Chihuahua, Sinaloa y Sonora; entre ellas la única que escapó del exterminio fueron precisamente los guarijíos.
El origen étnico del grupo guarijio es ubicado por los especialistas como perteneciente a la familia yutoazteca. No se cuenta con información confiable acerca de la llegada de los guarijíos al territorio que ocupan; las fuentes coinciden en señalar al actual municipio de Chínipas en Chihuahua, como el sitio de donde partieron hacia Sonora.
Economía Por décadas se vivió una forma económica de mediería y tercio entre los terratenientes de la región (yoris) y los guarijíos. Esta consistió en que los nativos habitarían los ranchos y propiedades particulares con permiso del patrón siempre y cuando trabajaran para él. El patrón les permitía sembrar a "medias", a cambio, les pagaba con comida a cuenta del trabajo, y el peón siempre se quedaba endeudado. Lo mismo ocurría con la ganadería.
Este tipo de "arreglo" permitió que el "blanco" retuviera la fuerza de trabajo necesaria para el funcionamiento de los ranchos sin pagar un salario regular y evadir su responsabilidad laboral con los peones.
En la actualidad la organización sociopolítica de los guarijíos se agrupa a través de dos ejidos que les pertenecen. Además mantienen una unidad estratégica basada en la identidad cultural del grupo, como lo es la historia compartida en la lucha por la tierra y el lenguaje. Es frecuente la migración temporal de hombres que bajan a trabajar a los valles agrícolas de los ríos mayo y yaqui.
Buena cantidad de su dieta alimenticia, se basa en la colecta de frutos y raíces silvestres como: uvalama, chiltepines, tunas, pitahayas, jícamas, chíchibo, papache y muchas más; en menor medida en la pesca y caza.
Elaboran artesanías de palma y sotol con las que hacen sombreros, petates, bolsas, cestos; con diversas maderas hacen violines y arpas; trabajan el barro para hacer ollas, platos y cazuelas; todo esto es para su uso propio o para la venta entre la gente de sus poblados, con lo que obtienen dinero en forma rápida, sin salir de su lugar.
Si bien la mayoría habla y entiende el idioma español, al interior de las familias guarijías existen importantes diferencias. Los varones adultos dominan más el bilingüismo que las mujeres, y en los menores es mayor el dominio de su lengua nativa. En realidad, si se toman en cuenta criterios lingüísticos, culturales y sociopolíticos, se diferencian dos grupos de guarijíos en general: los de Sonora, en Alamos y Quiriego, y los de Chihuahua, en Uruachic, Moris y Chinipas.
Los de Sonora a su vez se dividen en: los integrantes del ejido colectivo Guarijíos-Burapaco y los integrantes del ejido colectivo Guarijíos-Los Conejos. Como punto aparte es necesario considerar a los guarijíos de Los Jacales, localizados en el poblado de San Bernardo, quienes no son beneficiados con dotación de tierra y tienen una mayor integración a la forma de vida del yori.
La identidad cultural como guarijíos es sustentada además por su cosmología, el ciclo de vida, las costumbres, los ritos y las festividades. Cabe destacar la existencia de instituciones como el compadrazgo, la preferencia a la endogamia, la danza ceremonial del pascola como un tributo a la naturaleza y el rito del tuburi como reverencia a la madre tierra. Estas creencias se contextualizan como elementos religiosos del grupo, que juegan un papel fundamental en la resistencia cultural frente a intentos neo-evangelizadores de carácter proselitistas promovidos por grupos estadounidenses.
Los guarijíos de hoy El problema fundamental de las comunidades guarijías de Sonora es su carácter subordinado, situación propia de la mayoría de los grupos étnicos de México.
Hasta la década de los setenta, los guarijíos se encontraban subordinados en forma económica y sociopolítica a los blancos y mestizos asentados en la región. La dotación de tierras al grupo, en 1982, introdujo cambios en la relaciones productivas en la región, con lo que se logró un aumento en los ingresos económicos de los integrantes de la etnia.
A pesar del éxito de algunos programas, las comunidades guarijías presentan grandes deficiencias en materia de agua potable, nutrición, vivienda adecuada, saneamiento ambiental y servicios de salud. El alcoholismo y la violencia se plantean como un nuevo problema de carácter epidemiológico entre los miembros de la etnia.