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Atlas Atlas de las Plantas de la Medicina Tradicional Mexicana //

Santa María
Tanacetum parthenium (L.) Shultz-Bip.
Compositae


La imagen fué proporcionada por:

José Rangel Sánchez
Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. Fototeca Nacho López


Sinonimia popular

Altamiza, hierba de Santa María, hierba santa, manzanilla grande, manzanilla romana, mastranzo, matlalí, yerba santa; Estado de México: dhata manzanilla (otomí); Tlaxcala: caltemesha (náhuatl)


Sinonimia botánica.

Chrysanthemum parthenium Pers., Matricaria parthenium L., Pyrethrum parthenium (L.) Smith, Matricaria parthenoides L.


Botánica y ecología.

Planta arbustiva de 30cm a l m de altura, de olor desagradable, escasamente velluda, puede tener el tallo simple o ramificado desde la base. Sus hojas, de color verde, son numerosas y están divididas en fragmentos alargados e irregulares. Tiene un conjunto de flores amarillas colocadas sobre un disco (cabezuela), donde hay flores alrededor que tienen un pétalo blanco como lengüeta.

Se considera originaria de Irán, Irak y de Europa, adaptada a climas cálido, semicálido, semiseco y templado, en altitudes de los 0 a los l00msnm y de los 1800 hasta los 2600msnm. Se cultiva en huertos familiares, crece a orillas de caminos o en terrenos de cultivo, asociada a vegetación perturbada de bosques tropicales caducifolio y subcaducifolio, bosque espinoso, matorral xerófilo, pastizal y bosques mesófilo de montaña, de encino, de pino y mixto de pino-encino.


Etnobotánica y antropología.

El uso más frecuente que se registra de la Santa María es para diversos malestares propios de la mujer. En los estados de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Morelos, México, Tlaxcala y Veracruz se toma el cocimiento de las ramas o de las flores para aliviar trastornos de la menstruación, como emenagogo, para facilitarla o regularizarla; como antiespasmódico contra la dismenorrea y cólicos menstruales (V. dolor de regla). Durante el embarazo, previo al parto para acelerarlo y posterior a éste para prevenir trastornos, entuertos y tener una buena recuperación, se dan baños de temazcal con su cocimiento.

Se emplea además durante el puerperio, para propiciar la fertilidad (V. cuarentena y esterilidad femenina), para la ”viscosidad de la matriz” y provocar aborto. En Puebla se recomienda tomarla en infusión y hacerse lavados locales confortables con un cocimiento de árnica (Heterotheca inuloides), epazote de zorrillo (Teloxys graveolens), mejorana (Origanum majorana), oreja de burro, lirio blanco, lirio negro (spp n/r) y Santa María para los ”michicahues de mujer”, enfermedad que se presenta por tener relaciones sexuales durante la menstruación.

En algunas comunidades se administra como té para la parturienta cuando se inicia el trabajo del parto, acelerándolo si se presenta en condiciones difíciles o se prepara con otras hierbas ”calientes” como la hierba del dulce, barbasco, epazote, ruda, gobernadora, manzanilla, albahaca y enebro, para abortar.

Asimismo es común su uso en el centro del país, para tratar el aire o mal aire, enfermedad caracterizada por los siguientes síntomas, o un conjunto de éstos: enfriamiento del cuerpo, lagrimeo, punzadas o vómito. Cuando la enfermedad es fuerte el tratamiento más común consiste en barrer al enfermo con ramas de Santa María, pirul (Schinus molle), cielo raso (Vinca minor), jarilla (Senecio salignus), francisquitos (Stevia sp.), cola de borrego (Lupinus campestris), durazno (Prunus persica), rosa concha (Rosa sp.), ruda (Ruta chalepensis), perrito de campo (Penstemon campanulatus) e hinojo (Foeniculum vulgare) limpiando todo el cuerpo de la persona.

Es habitual su empleo para realizar limpias en general, en el tratamiento del mal de ojo y del susto, en casos de ataque y venteado. Entre los mixes, zapotecos y totonacos también es común el uso de la Santa María para hacer ”limpias” o ”barridas” en diversas enfermedades de filiación cultural, como: ”mal de ojo” al cual se le da diferentes nombres, ”hacer ojo”, ”ojeadora”. Son diversas las ideas que se tienen de su causa, siendo la principal la mirada fuerte o pesada o vista fuerte que poseen ciertas gentes y que dirigida a una persona, planta, vivienda o a un animal, pueden dañarlo. Generalmente son personas ajenas a la comunidad, el poseerla puede ser una cualidad porque se nació con ella, se adquirió o sólo es un estado anímico. Puede ser voluntaria o involuntaria, por envidias, por contaminación con un difunto o mal aire, porque se quebrantó alguna norma, ley social o divina. En algunos lugares se piensa que cuando la mirada fuerte es voluntaria se trata de brujería y si el agente es inconsciente de poseer esta mirada fuerte o pesada, entonces el daño es involuntario. Otra causa a la que se atribuye es el calor, su exceso puede hacer daño ya que está en relación directa con la fuerza del tonalli, que puede irradiarse como fuerza nociva y afecta a seres o cosas. En los niños los signos o síntomas del ”mal de ojo” son: llanto, miedo, mal humor, debilidad, sudor frío, piel muy roja o morada, no comen, intranquilidad, diarreas, legaña y ojos rojos, entre los principales. En adultos, debilidad, temblor, cansancio, dolor de cabeza, somnolencia, vómito, fiebre, frío y ojos rojizos, entre otros. Cuando les ocurre a las plantas, se secan. En animales, se ven tristes, atontados, no comen, ni tienen sed y vomitan.

El curandero observa al paciente, le hace preguntas y empieza con la ”limpia” o ”barrida”, con minerales. Utiliza así el alumbre, la piedra agria o con animales o huevos, toma el pulso en las sienes o pliegues del brazo en la región radial y la muñeca con el dedo meñique, a los adultos les palpa la nuca. Otra forma de diagnóstico es pulsar las sienes, si hay pulsación la enfermedad no es grave, en caso contrario, se pasa a la fase de pulsar el pliegue del brazo y de la muñeca arrojando bocanadas de humo de cigarro. Si hay pulso en estas áreas, esto indica que hay maldad, si no hay, se lleva a cabo la tercera fase que es palpar la espalda (pulmones), nuca y vientre y si aún no se detecta el pulso es indicativo de que es un caso grave y que no hay salvación para el enfermo.

La Santa María se emplea también para tratar el susto, al que se le llama según la región, ”espanto” o ”quemados”, afecta en especial a los niños pero también los adultos suelen sufrir el ”susto”. Asimismo, se le utiliza para aliviar el empacho contra el cual se administra de la siguiente manera:”una noche antes del tratamiento se truena el empacho acostando al niño boca abajo, con los brazos extendidos a lo largo del cuerpo. En la parte media de la columna vertebral se le dan tres pellizcos procurando que truenen (V. tronar el empacho), luego se le pone mesté en donde se pellizcó para calmar el ardor de la piel, se le faja con un emplasto hecho con malva, hervida con orina del niño de sexo masculino. Posteriormente sobre la malva se pone una mezcla hecha con unto fresco, yema de huevo, tequezquite, hoja de rosa de castilla o hafanera, amasados con aceite de almendras.

Otros usos tradicionales en los que la infusión también se emplea es contra el cólico estomacal, dolor de estómago o intestinal. Para la bilis, el bazo; en casos de diarrea y disentería; como digestivo, para el vómito y otros malestares estomacales; dolor de cabeza, reumas, dolor de costado; en lavados para la irritación de ojos y ojos ”chinguiñosos” (V. lagañas).

Con menor frecuencia se refiere su uso para la tos y tos ferina; para aliviar resfriados, las hojas se frotan con alcohol en las piernas. Como analgésico, para bajar la calentura, el calor, la congestión, las privaciones o desmayos, nervios, riñones, inflamación o irritación y como tónico.

Además se menciona para el tratamiento de la erisipela, en Veracruz y de la alforra en Puebla, esta enfermedad es causada por parásitos intestinales que provocan comezón en el recto, ocasionando enrojecimiento del ano, inquietud e inapetencia, para curarla se utiliza una mezcla de hojas y flores de Santa María molidas con hojas de maistra (Artemisia absinthium) y hollín, que se aplica por vía rectal dos veces al día.

Mientras J. Hernández la menciona como fresca, varios autores le confieren la calidad caliente


Historia.

Sólo hasta el siglo XX, Maximino Martínez reporta sus acciones como antiespasmódica, en derrame bilioso, como emenagoga, insecticida y tónica. Luis Cabrera la señala como antiblenorrágica, antiespasmódica, para la conjuntivitis catarral y como eupéptica. Finalmente, la Sociedad Farmacéutica de México refiere su uso como antiespasmódica, emenagogo, insecticida y tónico.


Química.

La planta entera contiene un aceite esencial constituido por los monoterpenos acetato y angelato de bornilo, alcanfor, crisantenol y sus acetatos; iso-valeriato, el derivado 4-beta-hidroxilado y la 4-beta-acetoxi-cetona; los sesquiterpenos, 8-alfa-hidroxi- y dos esteres del estafiatín; el costunólido y su derivado 3-beta-hidroxilado, el éter metílico del ácido cóstico, canín, 1-beta-hidroxi-arbusculín, artecanín, artemorín, germa-creno D, magnolialide miquefuscalida, partenólido y sus dos derivados hidroxilados: reynosin y santamarina. Las partes aéreas y la raíz contienen compuestos heterocíclicos de oxígeno. El flavonoide santín fue detectado en la planta entera.


Farmacología.

La actividad antinflamatoria de la Santa María se ha demostrado in vitro. Extractos de la planta inhibieron la biosíntesis de prostaglandina, sustancia mediadora de los procesos de inflamación, así como la agregación y secreción de plaquetas. Se demostró la actividad antiinflamatoria y antiespasmódica de diferentes fracciones cromatográficas obtenidas de un extracto de las hojas de Santa María, al inhibir la actividad de varios neurotransmisores sobre el músculo liso de ratón. Otros efectos que han sido demostrados con extractos de T. parthenium incluyen la inhibición fagocítica de leucocitos humanos polimorfonucleares, una acción protectora de células endoteliales y la actividad antibiótica contra Staphylococcus aureus y otras bacterias gram positivas. También se ha reportado que varios componentes aislados de la planta ejercieron toxicidad en células cancerosas humanas.

Se realizó un estudio clínico doble ciego con un grupo de 25 pacientes con migraña, que consumían diariamente alrededor de 60mg de la planta fresca antes de la prueba. Para el estudio, a un grupo se le proporcionó una dosis diaria igual a 25mg de hoja seca molida, mientras otro tomaba un placebo. Los resultados indicaron que T. parthenium presenta un efecto preventivo contra la intensidad y frecuencia de los síntomas de la migraña, además de otros beneficios tales como un cierto efecto hipotensor.

En otro estudio clínico se indica que 72 pacientes voluntarios recibieron al azar una cápsula de hoja seca de la planta, o un placebo diariamente por un período de cuatro meses, al cabo del cual cambiaron al tratamiento contrario, evaluando la severidad y frecuencia de los ataques de migraña. Se probó que el tratamiento fue efectivo en el 59% de los pacientes con la hoja seca y sólo en el 24% con placebo. Considerando 17 pacientes con migraña como un grupo separado, los investigadores observaron que la ingestión de hojas, redujo el número de ataques en un 32%. Esta prueba está bien diseñada y demuestra en gran medida el potencial de la planta en la prevención y tratamiento de los dolores de cabeza en la migraña.


Principios activos.

Se han demostrado las actividades antiinflamatoria y espasmolítica en extractos de Santa María conteniendo alguna de las lactonas, partenólido, canín o crisartemín A. También se ha confirmado el efecto inhibidor de la agregación de plaquetas de sangre humana estimuladas con adrenalina por el partenólido, canín, seco-tanapartenólido A, artecanín y 3-beta-hidroxi- partenólido. El partenólido y otras lactonas sesquiter-pénicas del T. parthenium, fueron responsables de la actividad antimicrobiana y del efecto citotóxico en células cancerosas humanas.


Toxicidad.

Los efectos secundarios negativos registrados en un grupo de 270 pacientes tomando regularmente el T. parthenium fueron mínimos y poco frecuentes. El síntoma adverso más común que se registró fue la ulceración de la boca (6.4%), seguido de dolor abdominal e indigestión (3.9%), sabor desagradable (3.0%) sensación de cosquilleo (3.0%), problemas urinarios (0.9%), dolor de cabeza (0.9%) y diarrea (0.4%). El Dr. Johnson indica que pacientes tomando medicamentos antiinflamatorios y antirreumáticos han reportado la aparición de úlceras en la boca, siendo este sólo un efecto secundario menor de este tipo de drogas. Sin embargo, en otro estudio controlado se encontró que las úlceras de la boca fueron más comunes en el grupo placebo.

Hancock (1986) reporta que muchos pacientes que se han automedicado ingiriendo hojas frescas de Santa María por más de seis años no presentaron efectos adversos. Del mismo modo, no se detectaron aberraciones cromosómícas en linfocitos de treinta pacientes de migraña que tomaron T. parthenium diariamente durante 11 meses y los que fueron comparados con otros treinta pacientes de migraña que no ingirieron la droga.

Se reporta que provoca reacciones alérgicas por contacto y también se menciona que el contacto con la planta puede causar irritación de la piel.


Comentarios.

Tanacetum parthenium es una planta introducida, de la que se ha comprobado experimentalmente su efectividad como analgésica, antiespasmódica y antiinflamatoria. Estos usos fueron recogidos por Maximino Martínez y se mantienen vigentes en la terapéutica tradicional.


Herbarios.

CHAPA, CIB. ENCB, FCME, HUAT, HRAM, HUMO. IMSSM, INAHM, IZTA, MEXU, UAMX, UAN, XAL, XOLO, ZEA.


Literatura.

Botánica. Antonio N. 1989; Avilés M. 1985; Barquín P. Y Zamora L. 1991; Baytelman B. 1980; Browner C. 1985; Camacho J. 1985; Castillo P. 1990; Castro A. 1988; Cedilio E.1990; Cervantes L. 1979; Cruz J. L. 1986; Chino S. y Jacques P. 1986; Del Amo S. 1979; De Niz D. 1989; Espinosa J. 1985; Esquivel E. 1989; Estrada J. 1984; Evangelista V. y cols. 1991; Flores N. y cols. 1989; Gallardo C. y cols. 1983; García G. 1981; Ghislaine D. 1979; Gispert M. y cols. 1991; Gómez A. y Gispert, M. 1982 (s/f); González, J. 1981; González S. A. 1981; Gutiérrez M. A. 1985; Gutiérrez M. A. 1989; Hernández J. 1988; Linares E. y cols. 1988; Linares M. 1991; López E. 1988; Lozoya X. y cols. 1982; Mata S. 1986; Matosic R. 1991; Mendoza B. 1983; Morales G. y Toledo G. 1987; Ordorica E. 1990; Ortiz B. y Browner C. 1985;Paredes D. 1984; Quintana M. y Gutiérrez M. A. 1989; Reyes M. 1989; Ruiz L. C. 1989; Sentíes A. 1984; Soto J. 1987; Torres J. 1984; Torres B. 1978; Velázquez F. 1990; Zamora M. 1991a; Zavaleta P. y cols. 1990.

Ecología. Browner C. 1985; Camacho J. 1985; Castro A. 1988; Cruz J. L. 1986; Esquivel E. 1989; Estrada J. 1984; Gallardo C. y cols. 1983; Gispert M. y Gómez A. 1992; González J. 1981; Index Kewensis; Mendoza B. 1983.Prado X. 1988; Reyes M. 1989; Soto J. 1987; Volak, J. y Stodola, J. 1988.

Etnobotánica. Antonio N. 1971; Avilés M. 1985; Barquín P. y Zamora L. 1991; Baytelman B. 1980; Browner C. 1985; Castillo P. 1990; Castro A. 1988; Cedillo E. 1990; Cervantes L. 1979; Cruz J. L. 1986; Chino S. y Jacques P. 1986; Del Amo S. 1979; De Niz D. 1989; Espinosa J. 1985; Esquivel E. 1989; Estrada J. 1984; Evangelista V. y cols. 1991; Flores N. y cols. 1989; Gallardo C. y cols. 1983; García G. 1981; Ghislaine D. 1979: Gispert M. y cols. 1991; Gómez A. y Gispert, M. 1992; González, J. 1981; González S. A. 1981; Gutiérrez M. A. 1985; Gutiérrez M. A. 1989; Hernández J. 1988; Linares E. y cols. 1988; Linares M. 1991; López E. 1988; Lozoya X. y cols. 1982; Mata S. 1986; Matosic R. 1991; Mendoza B. 1983; Morales G. y Toledo G. 1987; Ordorica E. 1990; Ortiz B. y Browner C. 1985;Paredes D. 1984; Quintana M. y Gutiérrez M. A. 1989; Reyes M. 1989; Ruiz L. C. 1989; Sentíes A. 1984; Soto J. 1987; Torres J. 1984; Torres B. 1978; Velázquez F. 1990; Zamora M. 1991a; Zavaleta P. y cols. 1990.

Antropología. Baytelman B. 1980; Lagarríga 1. 1978.Historia. Cabrera L. 19??; Martínez M. 1969 (1932); Sociedad Farmacéutica de México. 1952.

Química. Pugh W. J. 1988; Ristic N. 1980; Rodríguez J. 1974.

Farmacología. Blakeman J.P. y cols. 1979; Awang D. 1989; Collier H. y cols. 1980; Markheja A. y cols. 1981, 1982; Heptinstal S. y cols. 1985; 1988; Groenewegen W. y cols. 1986; Losche W. y cols. 1988; Johnson E. y cols. 1985.

Principios activos. Groenewegen W. y cols. 1986; Blakeman J.P. y cols. 1979; Awang D. 1989; Johnson E. 1983.



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