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Medicina La Medicina Tradicional de los Pueblos Indígenas de México //

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JACALTECOS, CAKCHIQUELES Y MOTOZINTLECOS O MOCHÓ.

Los recursos humanos

La medicina tradicional de estos grupos étnicos que habitan la frontera sur de México, se caracteriza por poseer una base cultural semejante. Por esta razón, decidimos que su exposición podía realizarse teniendo en cuenta el conjunto, y que sólo se especificarían datos relativos a un grupo cuando se tratara de particularidades manifiestas.

Al momento de la encuesta, los terapeutas mochó o motozintlecos residían en diversos barrios de la cabecera municipal de Motozintla de Mendoza, en Chiapas. Los médicos cakchiqueles habitaban en las comunidades de La Junta (municipio de Mazapa de Madero), Nuevo Amatenango y Tapitzalá (municipio de Amatenango de la Frontera) y Agua Zarca (municipio de Comalapa). Los jacaltecos, a su vez, se ubicaban en Guadalupe Victoria, Santa Rita y Pacayalito (municipio de Amatenango de la Frontera) y en Paso Hondo (municipio de Comalapa). En otras palabras, se trata de un grupo de médicos indígenas chiapanecos, de cultura mayanse, que viven en las proximidades de la vecina Guatemala.

Desde el punto de vista del género, la cantidad de hombres es levemente mayor (55%) que la de mujeres terapeutas; en cuanto a los promedios de edad y de tiempo de ejercicio de la profesión médica, éstos son de 57 y 25 años, respectivamente. Es interesante hacer notar que 23% del total de los terapeutas entrevistados declararon que la práctica de la medicina tradicional era su ocupación principal —la cual es remunerada en dinero o en especie—, mientras que un 25% afirmó dedicarse preponderantemente a las actividades agrícolas, incluyendo dentro de éstas el trabajo en las fincas cafetaleras cercanas a los lugares de residencia de los grupos. Un 24% —compuesto por terapeutas de sexo femenino— se ocupa predominantemente de las actividades hogareñas, en tanto que el resto desempeña diversos oficios u ocupaciones: carpintero, músico, albañil, carnicero, empleado de una tienda del ISSSTE y lavandera.

Respecto del nivel de escolaridad, el 55% del total dijo saber leer y escribir; un 9% lee con dificultad sin saber escribir, y el 36% restante es analfabeta. Como se puede apreciar, el porcentaje de médicos de estas etnias que sabe leer y escribir es relativamente alto, sobre todo si se compara con el de otros pueblos indios. Esto quizás esté en relación con el alto porcentaje de bilingües y de monolingües de español (ningún terapeuta era monolingüe de alguno de los idiomas indígenas hablados en la región): 45% era hablante de cakchiquel y español, 17% de jacalteco y español, y 14% de mochó y español. Los terapeutas refirieron que en algunos de los rituales curativos se recitan —sin entender cabalmente el sentido de los términos— antiguas oraciones en lenguas indígenas.

Cuando se analizan los datos sobre las diversas prácticas terapéuticas se corrobora que, en las tres etnias, los curanderos constituyen el grupo más numeroso. Estos terapeutas son designados con los vocablos o expresiones siguientes: han-lom en jacalteco, han lom y pos yom en mochó, y ha'nom en cakchiquel. Algunos de ellos afirman ser sólo han-lom, pos yom o ha'nom, mientras que el 78% declaró poseer alguna especialidad: curanderos "espiritistas o espiritualistas, que trabajan con el puro espíritu"; inyectador (han' nom inyector, en cakchiquel); partero (yok'o man en mochó, y nanol en jacalteco); "levanta mollera" (hanal ij jak dakj, en cakchiquel); huesero (kulan back en mochó y ahom kob'aj en jacalteco); pulsador (slokech pu chas jat, en lengua mochó); sobador (conocido en jacalteco como huest hual); "cura anginas"; "el que cura por medio de la videncia" (sanjorin en mochó); "defensor de pérdidas y contra el mal"; pulsador; y hierbero (slokech pu chas jat pochindo, en mochó). Los nombres y las traducciones fueron proporcionados por los propios informantes.

Los curanderos de estos pueblos señalaron que la forma más común de aprendizaje se produce por revelación divina y, casi siempre, durante el sueño. Precisamente, en los estados oníricos "Dios les dice que tienen que curar", o bien en el sueño aparecen elementos indicadores de lugares sagrados en los que el futuro médico recibe el mandato y los conocimientos terapéuticos necesarios. Así, por ejemplo, un terapeuta jacalteco manifestó que la atención médica "que da a sus hermanos es un destino que Dios le dio", otorgándole poderes terapéuticos que han estado implantados por siempre en Quetzaltenango (Guatemala). En el caso de los curanderos espiritualistas, los sueños son parte de una enfermedad caracterizada principalmente por intensos dolores de cabeza y por fiebres; en ciertos casos particulares, el especialista encargado de la curación advierte que estos síntomas no son más que "los avisos de Dios de que el enfermo tiene luz para curar". Después que el paciente acepta este diagnóstico, se le indica el momento y el lugar en donde deberá recibir "la mesa", la cual será ubicada en un recinto especial dentro de su casa, y estará provista de las imágenes católicas señaladas por los terapeutas del centro espiritualista, quienes también se encargarán de mostrarle la manera en que debe usar un pomo de agua con el que se diagnostican los males que aquejan a los "hermanos" que él tratará. Asimismo, en el curso del estudio se pudo advertir que el conocimiento adquirido en la forma antes descrita se suele combinar con enseñanzas obtenidas de un médico alópata (V. espiritualismo). En cambio, aquellos curanderos que poseen la especialidad de parteros, reciben estos conocimientos en el seno del hogar, particularmente de la abuela; si la especialidad es la de hierbero, es común que sea el padre quien provea al iniciado de su saber sobre las plantas; en el caso de los inyectadores, el curandero aprende, las más de las veces, a poner inyecciones y administrar algunos remedios de patente con personal de algún centro de salud institucional o con un médico particular. Varios informantes señalaron que, cuando en el curso de alguna enfermedad grave les fue revelado su destino de curador, aunque no tuvieron una idea clara del porqué de esta misión, los malestares fueron desapareciendo paulatinamente.

En lo relativo a las causas de demanda de atención, la población cakchiquel, mochó y jacalteca solicita los servicios de un han lom o po chom generalmente cuando se trata de síndromes de filiación cultural: mal de ojo (che-hue en lengua mochó, za'te en jacalteco, cha 'coaj o cha'ako wi ta'a en cakchiquel), ojo de bolo (xche tu kuman en mochó; en el sur del país el término "bolo" se emplea para designar al borracho), susto o espanto (shou' blen, shou 'nac en cakchiquel, wimel en mochó y xiw kilal jacalteco), aleja envidias (kapo ka kunon envidia en mochó), egoísmo (en mochó, huoya coxch), defensa contra el mal (xch 'kolta koltom, también en mochó), ayuda para ganar asuntos jurídicos (en mochó,yab da do kal kula ayudar yiun asunto jurídico), malos espíritus (pixan mats walil en jacalteco), "niños que hablan disparates" (nixh tej unin chal sukal en jacalteco) y mal puesto o mal daño (nava 'ajt et ok azabat en mochó). En segundo lugar se recurre a los curanderos para lograr la curación de las enfermedades gastrointestinales: diarrea (i'gueg en lengua mochó, y ek'ab en jacalteco), vómito (en mochó, chej gueg i'kani; cha 'ak en cakchiquel y xaw en lengua jacalteca), dolor de estómago (syab'il k'ule en jacalteco, y cha 'lij'coja en cakchiquel), disentería (xchi'coub en cakchiquel), tifoidea, asientos (en cakchiquel, cujak), bilis (syab'il howal en jacalteco) y solitaria. Las consultas de carácter ginecoobstétrico más frecuentes son debidas al embarazo (ho'e'cab en lengua cakchiquel), partos (yax Ini spitzk'a en jacalteco, y xu jal en cakchiquel), atención de partos cuando el niño viene atravesado (ilich en cakchiquel) y "cuando viene en zurrón o en bolsa". Es de competencia de los curanderos la realización de limpias para lograr mejoría en el trabajo (hi kama tawe huwajal en lengua mochó), limpias para la casa y la siembra, y rezos para encontrar dinero perdido (hom chta ntawin en mochó). Los ha'nom, po'chom y han-lom atienden casos de paludismo (xij-stel en lengua cakchiquel) y de escarlatina (sa'ack, también en cakchiquel); enfermedades del sistema renalurinario, como males de orina y vejiga (ya'acuak yack saact y chu'up en cakchiquel), y del aparato respiratorio: anginas (jisoq'al nuq'e en jacalteco) y tos (alacaj en cakchiquel). Otro grupo de padecimientos -algunos de carácter inespecífico y otros musculoesqueléticos o hepáticos-, incluye: colorín o embolio (xajas mi en mochó), dolor de cuerpo (umbakel, según los cakchiqueles), dolor de cabeza (syab'il wi'e en jacalteco), calentura (cakchiquel: ak), hemorragia (ch'ik'i txame en jacalteco), trastornos de locura, locos (mat kúloj zwi'naj o tzoj ye zuy en jacalteco), heridas que tienen cáncer, diabetes (lab metal ja tis miyel en jacalteco), pérdida del habla (x to tzo ti'naj en lengua jacalteca), dolor de nuca (syab'il nuq'e en jacalteco), ataques (x ax kamik, también en jacalteco), mal de pelo (jacalteco: txi wantal), enfermedad del hígado (han 'sep en cakchiquel), cáncer, infección (tzijnaj en mochó), zafaduras (se'moi en jacalteco) y quebraduras (a'jal nak, según los cakchiqueles).

Un segundo grupo de recursos humanos de la medicina tradicional de los mochó, cakchiqueles y jacaltecos, conforme al orden de importancia numérica, es el de los chimanes o shimanes, vocablos que aparecen en las tres lenguas para designar a una "persona que trabaja la brujería" o que "sabe echar daño", según la propia traducción de los informantes. No obstante, es preciso hacer notar que los cakchiqueles suelen referirse al shiman empleando el término acuajalil, que designa al "adivino que cura o copalero", mientras que entre los mochó es designado también como po'chom. La profesión de chiman o shiman es ejercida en estos pueblos por un grupo mucho más reducido que el de los curanderos, en el que se pudieron detectar las siguientes especialidades: "el que lee las cartas y predice el futuro" y el "director de enfermedades que cura y regresa el mal". La existencia de pocos chimanes y el carácter mismo de la profesión —casi siempre practicada en absoluto secreto y en el más estricto anonimato— contribuyó a que se obtuvieran datos muy escasos. La forma más común de convertirse en chiman es heredar de algún ancestro, en el momento mismo del nacimiento, las características que convierten al sujeto en un ser que domina fuerzas para dañar o regresar el mal. Los mochó, jacaltecos y cakchiqueles confiesan que recurren al chiman para tratar, en primer lugar, un conjunto de síndromes de filiación cultural, tales como el ojo y el espanto, así como padecimientos que han sido enviados por otro chiman (dolores o syab'il, y calambres o kan, en palabras de los jacaltecos). Este terapeuta es solicitado también para la lectura de las cartas que predicen la suerte (xchab mi suerte, según la expresión de los mochó).

Un grupo aún menor que el de los chimanes es el de las parteras; entre los cakchiqueles de Chiapas, estas mujeres suelen ser también "revisadoras de trayadas" (sobadoras), y entre los jacaltecos, curanderas. El aprendizaje de la profesión es netamente empírico, y se solicitan sus servicios tanto para los partos normales como para aquellos "en que el niño viene de cabecita" (pi'ich lich, en cakchiquel), "parado" (walich), "sentadito" (ko'lich) o atravesado. Si la partera además es curandera, suele atender enfermos con vómitos, diarrea y "ojo".

El último grupo reportado es el de los hueseros, quienes en la muestra representaron sólo el 5% del total. La forma más común de aprendizaje de los hueseros tiene lugar junto a otro terapeuta de mayor experiencia, generalmente perteneciente a la misma comunidad que el aprendiz. Estos terapeutas, según se comprobó en el estudio, suelen tener contacto con médicos institucionales o con quiroprácticos, y en algunos casos incluso se autodenominan con este nombre, o bien con el de traumatólogo. No obstante la evidente aculturación que se observa en este tipo de práctica, no deja de llamar la atención el hecho de que las afecciones que atienden los hueseros conservan aún los nombres indígenas. Por ejemplo, en mochó se designan kajel, kajel ages tenin y koto baes jab a las luxaciones, a las lesiones de columna y a la artritis, respectivamente.