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CHOLES (WINIKON BA LOJON).

Descripción de demandas


Buk\'/en. Espanto

El "espanto" o buk\'/en es uno de los síndromes de filiación cultural más difundidos entre los integrantes del grupo chol. Su nombre alude al tipo de causalidad que lo origina: un hecho sorpresivo que afecta al sujeto que lo sufre (V. susto). Así, la enfermedad aparece como consecuencia de alguna caída al caminar por lugares considerados peligrosos, por algún accidente cuando se viaja a caballo, por el encuentro con algún animal, o por caer a un río o a un barranco. Todas estas situaciones hacen que "el espíritu de la persona quede abandonado" en el sitio donde ha ocurrido el hecho, pérdida que genera la enfermedad (V. pérdida del alma). En aquellos casos en que el espanto ha sido producto de una caída en una fuente de agua, además de la salida del alma, al sujeto afectado le "cae resfriado en el cuerpo" por el contraste térmico que produce el agua fría sobre su cuerpo caliente (V. frío-calor).

Los síntomas que permiten identificar el mal son variados, y generalmente aparecen a los pocos días de haber ocurrido el accidente; su intensidad depende del tipo de acontecimiento que generó la enfermedad, por cuanto ciertas situaciones producen espantos más fuertes que otras. El enfermo presenta palidez, inapetencia, dolor de cabeza, mucho sueño durante el día y diarrea; tiene los ojos "saltados", suda mucho por las noches y se siente desganado, incluso para caminar, fenómeno que los terapeutas llaman "tristeza corporal"; a veces el padecimiento cursa con vómitos y acumulación de aire en el estómago. El contenido de los sueños es otra de las características del espanto: el sujeto es invadido por sueños en los que se ve nuevamente en el lugar del accidente y "despierta llorando". Si la enfermedad ha sido originada por una caída en un río el sujeto siente continuamente un frío intenso (V. sueño).

Para el terapeuta chol todos estos síntomas constituyen indicios importantes para establecer la presencia de un espanto, sin embargo, ello no descarta la necesidad de practicar algún otro procedimiento diagnóstico para corroborarlo. El terapeuta toma el pulso al enfermo en la muñeca de ambas manos: un pulso acelerado indica que el sujeto sufre de espanto. Mientras ejecuta la maniobra, el terapeuta hace preguntas específicas al paciente acerca de los acontecimientos que pudiesen haber suscitado el problema que lo aqueja (V. pulsar).

El tipo de tratamiento aplicado para combatir la enfermedad depende de la intensidad de los síntomas que presenta el paciente. Si se trata de un espanto que lo ha afectado en escasa medida, la terapia recomendada consiste en la administración de un medicamento que se elabora de la manera siguiente: se tuestan semillas de anís en un comal y después se muelen hasta obtener un polvo de consistencia fina, el cual se mezcla con aguardiente y se deja reposar por algunos días. La dosis aconsejada es de tres cucharadas al día, por un total de cinco; los terapeutas comentan que, generalmente, al segundo día el paciente comienza a sentirse mejor. A veces el tratamiento se complementa con baños que se deben hacer con un cocimiento de anís, epazote y tabaco.

Cuando el enfermo de espanto es un niño, el cocimiento para el baño se elabora con hojas de sosa, chant\'/e, romero y alucema; el tratamiento incluye, además, la ejecución diaria, durante nueve días, de una limpia hecha con un manojo de ruda, albahaca y epazote.

Cuando el espanto que el enfermo ha sufrido ha sido muy fuerte la enfermedad se manifiesta con toda su intensidad. En estos casos, los tratamientos son más complejos y tienen la finalidad de "recuperar el espíritu abandonado" del paciente, yéndolo a buscar al sitio mismo en donde ocurrió el accidente, en donde se hace una ofrenda a la tierra para que deje ir el alma que tiene capturada. Generalmente la terapia se realiza en el marco de una ceremonia curativa como la que describimos a continuación: el terapeuta necesita reunir nueve granos de maíz, nueve de frijol, nueve de algalia y nueve de ajo, además de un huevo (que es un "pollito vivo"), una rama de saúco y otra de zorrillo, incienso, un cuarto de aguardiente, un brasero y una muda de ropa del enfermo. Al momento de dar inicio al ritual, el curandero toma un machete viejo, un bush —recipiente redondo y hueco del tamaño de un puño cerrado, utilizado para invocar a los espíritus soplando a través de un orificio localizado en su superficie— y, posteriormente, en compañía de dos o tres personas, se dirige al lugar en donde se produjo el espanto llevando consigo los elementos antes mencionados. Una vez allí, se hinca y escarba en la tierra un huequito en forma de cruz. Acto seguido, vierte un poco de aguardiente y de incienso, también en forma de cruz, y deposita el huevo en la cavidad, la cual cubre enseguida con tierra. Culminada esta etapa del ceremonial, el terapeuta vuelve a rociar aguardiente e incienso, traza una cruz en la tierra y sopla a través del bush. Después coloca a un lado dos o tres velas pequeñas, se cuelga al cuello una cruz pequeña y comienza a distribuir las semillas a lo largo de la cruz, trazada en la tierra, según el orden siguiente: primero acomoda los ajos, después los frijoles, luego los granos de algalia y, por último, los granos de maíz; enseguida siembra la rama de zorrillo.

En este momento el curandero enciende las velas y quema incienso en el brasero, el cual desplaza continuamente en forma de cruz mientras sahúma todo el sitio. Después toma la rama de zorrillo y comienza a ramear la ropa del enfermo, al mismo tiempo que reza y dice en legua chol: " ¡vámonos, vámonos a tu casa; qué haces aquí, vámonos; qué haces aquí sufriendo del frío, vámonos!". Enseguida inicia el camino de regreso hacia la casa del enfermo pronunciando todo el tiempo la invitación al espíritu para que vuelva a su morada. Adelante de él, en el sendero, los acompañantes van bloqueando los otros caminos laterales con el propósito de impedir que el espíritu del enfermo se desvíe y se dirija a algún otro lugar.

Ya adentro de la casa del enfermo, quien ha permanecido acostado, el terapeuta comienza a soplar nuevamente el bush, mientras las demás personas presentes golpean objetos así como machetes viejos, los cuales producen un sonido semejante al de una campana. Durante todo este tiempo continúan llamándolo; le dicen: "ven acá, ésta es tu casa". A continuación todos entonan un salmo, en donde se le invita a regresar a casa y se menciona su nombre. Mientras tanto el sonido de los machetes y demás objetos no ha cesado; sólo dejan de sonar cuando se considera que el espíritu ya está en la casa, momento en el que cierran las puertas de la vivienda y el curandero se dirige hacia la cama en donde se encuentra el paciente, para ramearlo una vez más y colocarle encima la ropa, que ha sido sahumada en el lugar del espanto, con todo y la rama de zorrillo, mientras le dice "ya veniste a tu casa"; por último pronuncia una oración.

Durante el tiempo en que se desarrolla el ceremonial los familiares del enfermo matan un gallo o una gallina, según el sexo de la persona espantada, e invitan a algún vecino para que lo cocine y poder así agasajar al curandero. Finalizada la curación se le obsequia una botella de un litro de aguardiente al curandero, quien la reparte entre todos los presentes, los cuales no deben negarse a aceptar la invitación, hecho que resulta mal visto, aunque se trate de niños.

Una vez consumido el aguardiente, el curandero se dirige nuevamente a ver al enfermo para pulsearlo; si el pulso está acelerado, eso indica que aún no se encuentra del todo bien, pero si lo encuentra con un ritmo más lento, ello quiere decir que el paciente se está recuperando porque su espíritu ha regresado. Si, por añadidura, lo encuentra dormido, es una clara señal de que le "cayó bien la soplada", comentan los curanderos.

Finalmente, los familiares del enfermo y del propio especialista comienzan a poner la mesa, para que los vecinos, los cuales han cocinado, sirvan la comida a todos los presentes, quienes también en esta ocasión deben aceptar la invitación.

Este ritual de curación del espanto tiene muchas variantes. En ciertas localidades choles el terapeuta, mientras reza, entierra ajo, velas e incienso, aguardiente y alimentos acostumbrados por el enfermo, en el lugar en donde se produjo el hecho traumático; todos estos objetos son depositados en forma de cruz. El procedimiento debe ser repetido dos veces y siempre en el mismo lugar, por ser un punto de atracción para el espíritu, señala un terapeuta. El tratamiento comprende, además, la ejecución de un ensalmo, procedimiento que se lleva a efecto en la casa de la persona enferma. Aquí el terapeuta reza junto al paciente, que puede estar sentado o acostado, pidiendo a "Nuestro Señor" ayuda para erradicar el mal; mientras reza quema incienso, enciende una vela "dura", y coloca gajitos de ajo en la zona del pulso del paciente. Después deposita, en el altar o en medio de la casa, una cruz junto con un soñum bush (nombre que también recibe el bush), y con él llama al espíritu del enfermo. Acto seguido, con una mezcla de aguardiente, ajo y acaria, rocía el cuerpo del enfermo y luego lo ramea con un manojo de plantas aromáticas. Finalmente le pide al paciente que se coloque boca arriba, y después boca abajo, seis veces, y cada vez hace pasar por encima de su cuerpo a una pareja de personas jóvenes. Según como vaya evolucionando el estado del enfermo, el curandero puede repetir dos o tres veces este mismo tratamiento.

Al término de la curación, las ramas utilizadas son tiradas en un lugar por donde no acostumbre pasar la gente (V. contagio).