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COCHIMI (M'TI-PA), CUCAPÁ (ES-PEI), KILIWA (KO'LEW, KOAH, KUAL), KUMIAI (TI'PAI), PAIPAI (AKWA'ALA). PUEBLOS INDÍGENAS DE BAJA CALIFORNIA.

La población

Las poblaciones cochimí, cucapá, kiliwa, koah, kumiai y pai-pai

En la porción norte del territorio de Baja California, específicamente en los municipios de Ensenada, Tecate y Mexicali, se asientan cinco grupos indígenas que tienen un origen común. Hace aproximadamente 2 700 años hablaban un mismo idioma; hoy cada uno tiene su propia lengua, todas pertenecientes al grupo Hokano-Siux, subgrupo Hokano-Subtiaba. rama Hokana, subrama Esseleno-Yumana de la familia Yumana. Estudios lingüísticos recientes revelan que algunas de estas lenguas son inteligibles entre sí: el cochimí con el cucapá, y el kumiai con el cochimí, en tanto que el kiliwa y el pai-pai no son comprensibles con ninguna.

De acuerdo con los datos arrojados por el XI Censo general de población y vivienda, en 1990 el número de integrantes de estos pueblos fue el siguiente:

Esta información revela un número reducido de integrantes de estos pueblos indígenas; sin embargo, se estima que los datos censales no son del todo precisos pues dicho levantamiento no consideró un importante número de individuos descendientes de indígenas que ya no hablan su lengua materna, aunado al fenómeno migratorio imperante en sus comunidades, a la dispersión de los asentamientos y a la convivencia con grupos mestizos en ciertos núcleos poblacionales.

De acuerdo con el sitio ocupado en el territorio, las etnias bajacalifornianas reciben distintos nombres; así, los cochimí y kumiai son llamados habitantes de la meseta; los cucapá son conocidos como rieños, y los pai-pai y kiliwa reciben el apelativo de serreños.

Los cochimí, quienes se autonombran en su lengua m’ti-pa, ocupan las mesetas costeras de los municipios de Tecate, Tijuana y Ensenada; sus principales núcleos de población están en las localidades de La Huerta, Ojos Negros, Peña Blanca y Español de Manteca.

Los kumiai o kimiai, se llaman a sí mismos ti’pai. Sus comunidades se ubican en las mesetas costeras y están distribuidas en tres áreas territoriales: los de San José de la Zorra, municipio de Ensenada, y los de Nejí y El Álamo, municipio de Tecate.

Los cucapá se autonombran es-pei, viven en las vegas del río Colorado o Hardy, al sur del valle de Mexicali, en las localidades El Mayor Indígena, Predio Cervantes, Colonia Carranza y los ejidos de Zacatecas, Durango y Nuevo León. Existen otras dos áreas territoriales de menor importancia poblacional: una en la Poza de Arvizu, municipio de San Luis Río Colorado, en Sonora, y otra en las reservas de Somerton, Estados Unidos.

Los pai-pai o akwa’ala, término con el que se autonombran, se asientan en las sierras de Juárez y San Pedro Mártir, en el municipio de Ensenada, con tres localidades importantes: Santa Catarina, Jamao y San Isidro.

Los kiliwa se denominan a sí mismos ko’lew, "hombre cazador". Sus principales asentamientos están en las rancherías localizadas en el área conocida como Arroyo de León, y en algunas comunidades —como Santa Catarina— conviven con miembros del grupo pai-pai. Esta región se ubica en el municipio de Ensenada, delegación del Álamo, dentro del valle de la Trinidad, al norte de la sierra de San Pedro Mártir y al sur de la sierra de Juárez, específicamente en las estribaciones de una pequeña serranía llamada localmente sierra de los Tecolotes.

El grupo koah o kúah es una reducida etnia que se detectó a lo largo del trabajo de campo, y de la cual parece no existir registros previos. Lo integran 12 a 15 indígenas que residen en Santa Catarina, en donde conviven con indígenas pai-pai y con mestizos.

El clima predominante en Baja California Norte es seco y extremoso, con una precipitación pluvial menor a los 300 mm, y sólo en las partes montañosas existe la formación de microclimas templado-lluviosos. En la planicie cos¬tera las elevaciones oscilan de cero a 500 msnm, y en el sistema montañoso ascienden a poco más de 2000 msnm. Los suelos son en general áridos y semiáridos, caracterizados por una vegetación dominada por matorrales dispersos en manchones; algunos componentes importantes son: gobernadora, palo verde, torote, jojoba, palo fierro, ocotillo, mariola, biznagas, garambullos, pitahayas y otros cactos y arbustos espinosos de pequeña y mediana altura. En las partes más elevadas de las sierras de San Pedro Mártir y Juárez se encuentran pinares y encinares que llegan a formar grandes masas boscosas.

Las actividades productivas de la población indígena originaria de la entidad dependen, por un lado, de las condiciones del terreno ocupado y los recursos naturales que les proporciona su entorno y, por otro, del desarrollo de las actividades agropecuarias e industriales en tierras o poblados vecinos. En general, todos se dedican a las labores agrícolas y ganaderas dentro de sus propios terrenos o contratándose como jornaleros en los pueblos cercanos. Otra fuente de ingresos proviene del trabajo eventual que desempeñan en la rama industrial de la región y de la elaboración de artesanías tradicionales que venden ocasionalmente en los mercados de sus localidades. El cultivo de maíz, frijol, cebada y trigo, así como la recolección de frutos silvestres, cumplen funciones generalmente de autoconsumo en todos los grupos.

La vivienda tradicional se construye aprovechando los materiales del lugar, tales como mezquite, álamo, sauce, chamizo, carrizo y cachanilla. Los servicios de electricidad, drenaje y agua entubada son deficientes. Todos los asentamientos indígenas se encuentran comunicados a través de caminos de terracería, brechas y caminos rurales que conectan a la red carretera federal del estado.

Según los datos proporcionados por la Secretaría de Salud, estos grupos son atendidos en más del 90% de sus demandas a través de las clínicas instaladas en la entidad. Entre las poblaciones que cuentan con unidades de salud concurridas por indígenas locales, están los ejidos Héroes de la Independencia y El Porvenir, además de las localidades Las Palmas, Luis Echeverría, Ojos Negros y El Mayor Indígena. La atención de segundo y tercer nivel se proporciona en las ciudades de Ensenada y Tecate.

Cada localidad cuenta con una problemática de salud propia y, en general, destacan como causas importantes de morbilidad la diabetes, hipertensión arterial, alcoholismo, enfermedades respiratorias y gastrointestinales, además de las parasitosis.

Poco se sabe de la vida religiosa de estos grupos, aunque existen datos que revelan el culto a deidades ancestrales. Todos poseen una concepción animista del mundo, es decir, conciben que las cosas están dotadas de espíritu, particularmente los componentes naturales, por lo que honran con ritos propiciatorios; asimismo, consideran de suma importancia las celebraciones dedicadas a sus difuntos. Los pai-pai, además, rinden culto a dioses que representan a los astros, especialmente a la Luna y a las estrellas. Sobre los kiliwa y sus prácticas religiosas la información disponible es mayor; veneran a la Luna como su dios principal, relacionándola con el origen de todo y cuya morada se señala en el mundo de los muertos; también honran a una deidad solar y cuatro divinidades menores, "los hermanos", representadas con figuras antropomorfas de madera. Las contadas festividades del santoral católico suelen celebrarse de acuerdo con su calendario ritual; por ejemplo, entre los cochimí y cucapá, la fiesta dedicada a san Francisco —4 de octubre— está asociada con los ritos de fertilidad de la tierra.