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PUREPECHAS.

Descripción de demandas


Phikurhpitsi, phikureantan o chetaka no sesi jas. Limpias

La limpia constituye una de las causas de demanda de atención recurrente de la población de las regiones purépechas. En estas zonas, se trata de una práctica de tipo mágico-religioso destinada no sólo a prevenir, curar y diagnosticar enfermedades de la manera como se entiende en otras medicinas tradicionales de México; la limpia también se utiliza, por ejemplo, para "curar la casa", en donde el procedimiento tiene el propósito de sacar fuera de la vivienda los elementos que la han contaminado o "hechizado". Si bien el concepto que subyace a este ritual no se ha modificado, ya que en ambos casos la finalidad de la limpia es la misma, los destinatarios pasan a ser, además de seres animados, entes inanimados como las casas y las milpas, entré otros.

Analicemos en primer término las "limpias a la casa", ceremonias que tienen por objeto "sacar cochinadas" de la casa, esto es, influencias malignas que pueden estar en su interior. Estos procedimientos son realizados generalmente, por curanderos y médicos de campo.

Las causas que determinan la necesidad de "limpiar una casa" son evitar los influjos negativos o curar un mal producido a la casa de una familia (queriendo en realidad perjudicar a sus habitantes), por parte de una persona impulsada por sentimientos mezquinos. Los informantes afirman que: "cuando alguien le tiene envidia, coraje o mala voluntad a una persona, por medio de magia negra, o valiéndose de una gente, le echan cochinadas en su casa o trabajo; pueden ser polvos de muerto, tierra del panteón, líquidos o ropa de la persona a quien se hace el mal", también "por problemas con otra gente por coraje y envidia, riegan agua de san Ignacio con polvos de calavera, o entierran polvos de calavera bien molidos en esa casa" (V. brujería).

Los signos que permiten a los habitantes de una casa darse cuenta de que su morada tiene "cochinadas" y, en consecuencia, que necesita una limpia, se manifiestan en la conducta, las sensaciones o los estados de ánimo que experimentan los integrantes de la familia que allí vive. Según los terapeutas, "los de la casa empiezan a tener muchos problemas, pelean o se enojan por cualquier cosa, se sienten desesperados y no están a gusto ahí; si la cochinada está en el negocio, no tienen trabajo, no venden"; además, "se sienten como asustados, enfermos, se curan y no se alivian".

Los terapeutas tradicionales determinan si una casa necesita una "limpia" o no, con base en diferentes procedimientos. El primero consiste en un interrogatorio a sus integrantes orientado a verificar si experimentan los signos descritos y conocer, a través de sus historias de vida, si hay alguien que "quisiera hacerles daño, y si les tiene envidia o coraje". La observación del semblante de los residentes confirma el diagnóstico.

Un segundo procedimiento diagnóstico consiste en un método de adivinación estructurado en dos partes: "primeramente se saca una rifa para saber si verdaderamente echaron algo, y después se busca el mal con las varas". La rifa es una forma de adivinación mediante la lectura de las cartas, y las varas son unos instrumentos que se utilizan para localizar "los lugares donde existen las cochinadas", es decir, el espacio físico en donde se encuentran enterrados los elementos que están perjudicando "la salud" de la casa.

Una tercera forma de detectar el daño en una casa consiste en buscar el "mal con las agujas de san Ignacio", práctica que el terapeuta ejecuta de la siguiente manera: se persigna en forma de cruz, unta alcohol a las agujas y después "se encomienda a Dios y pide ayuda para poder ayudar a estas personas...agarra una aguja con los dedos de cada mano y se enganchan y se mueven en dirección a donde está escondido el mal, que puede estar regado o enterrado; si no hay mal, las agujas señalan hacia arriba".

Varios son los procedimientos empleados para "limpiar un lugar" e incluyen diversas prácticas de naturaleza mágico-religiosa.

El tratamiento más utilizado para "limpiar la casa o el negocio" consiste, en primer lugar, en localizar "las cochinadas" usando alguna de las formas descritas anteriormente: "las agujas de san Ignacio" o "las varas". Una vez identificado el lugar en donde se encuentran el o los objetos del mal, se procede a "sacarlos de la casa y tirarlos lejos, o bien quemarlos". A continuación, se rocía el sitio con alcohol y se le prende fuego. Por último, se realiza un procedimiento que consiste en "somerear" (sahumar), es decir, quemar plantas de olor o incienso en un sahumador o inciensario, con lo que se "impregna de humo el lugar, lo mismo que las personas" que allí habitan.

Si la limpia no se aplica a tiempo y se "deja a la desidia, alguna persona puede enfermar o le puede llegar a pasar una desgracia".

La limpia a las personas puede tener varios objetivos: dejar sin efecto un mal recibido; formular o precisar un diagnóstico acerca de un mal o enfermedad de origen natural, como el empacho o el dolor de cuerpo, o sobrenatural como el mal de ojo; finalmente, puede ser un auxiliar en el tratamiento de algunos padecimientos. Los brujos, los médicos de campo, las curanderas y las hierberas son los terapeutas tradicionales a quienes la población purépecha recurre en caso de necesitar una limpia.

Un procedimiento sencillo para curar a una persona mediante una "limpia" consiste en sahumarla, esto es, en quemar copal en un sahumador que se pone sobre las brasas, y esparcir el humo que despide por todo el cuerpo del paciente. Esta curación se debe realizar durante tres días seguidos.

Un ejemplo más complejo de aplicación de una "limpia" con fines diagnósticos y terapéuticos, se desarrolla a lo largo de tres días. Los informantes señalan que, a manera de precaución, "es muy importante que el que cura se proteja con ropa de color rojo y mantenga la concentración en la curación, porque si no, se puede desmayar porque no puede con la mala energía del otro cuerpo enfermo; también es importante que el enfermo se quite la ropa para poder limpiarlo en las coyunturas, porque la ropa no deja pasar los problemas que causan el mal".

Para la primera curación, el terapeuta utiliza un huevo, un pedazo de alumbre, jara de pescadillo, alcohol "para quemar la enfermedad" y, por último, una loción. Inicialmente persigna en la frente al paciente y lo empieza a "limpiar", frotándole el huevo en todo el cuerpo desde los ojos, las sienes, los hombros, las manos, la espalda, el pecho, el estómago, las piernas y las rodillas, hasta los pies. Mientras ejecuta el procedimiento, el curandero necesita mantener una fuerte concentración para advertir y localizar el mal; por lo general, hay dolor en el sitio en donde el daño se concentra. "Al terminar de limpiar, se rompe el huevo en un vaso con agua y ahí se conoce la enfermedad por lo que salga"; el terapeuta interpreta las formas que el huevo ha adquirido, las cuales "pueden ser greñas, arena, tierra, carne, o lo que le haya dado para perjudicarlo quien le haya hecho el trabajo. Enseguida, se limpia al enfermo con alumbre y luego con jara de pescadillo, y todo lo que se esté usando para limpiar se quema con alcohol (V. contagio). Al terminar, se unta al paciente con loción", la cual, según los terapeutas, se utiliza para protegerlo.

El segundo día se realiza una nueva curación mediante el mismo procedimiento, con el fin de formular un nuevo diagnóstico y conocer el estado actual del paciente después del primer tratamiento; el resultado generalmente es diferente, ya que el paciente puede tener "más greñas, o arena, o tierra, o menos, según esté de enfermo".

"Al tercer día se hace la tercera y última curación y el enfermo ya se siente bien porque ya no tiene lo que lo estaba perjudicando, y se le manda con un médico para que le dé vitaminas para la debilidad que le queda, y se le recomienda que coma bien, muchas verduras, para que se recupere de su debilidad".

Otro de los procedimientos consignados para "limpiar" también se debe practicar en el transcurso de tres días. Se emplean plantas, velas, huevos y alcohol y se debe realizar los días martes o viernes, que son los días más propicios para ello; además, el enfermo debe estar en ayunas. El primer día, con un manojo de cogollos de zacate, el terapeuta se persigna y persigna al enfermo; enseguida reza el credo, el padrenuestro, el avemaría, e invoca a las vírgenes de la Salud, de los Remedios y de Guadalupe; después, mientras el enfermo abre los brazos, limpia desde la cabeza y los brazos hacia abajo, en forma de cruz, tres veces adelante y tres atrás; al terminar, corta el zacate con un cuchillo y lanza lejos los trozos. Al día siguiente hace otra limpia, repitiendo el procedimiento anterior, pero esta vez emplea dos huevos y dos velas de parafina blanca; al término del ritual, rompe los huevos en medio vaso de agua, y si después de transcurrida una hora se ven dos globitos dentro del vaso, quiere decir que el paciente tiene una "mala enfermedad" luego, con un cuchillo corta las velas en pedacitos pidiéndole a "san Bartolito que corte la enfermedad"; tanto los huevos como las velas son arrojados lejos de la casa. Al tercer día repite la limpia con huevo y, al final, lo rompe en un plato, le pone alcohol y lo prende; después envuelve los residuos en papel y los entierra en el corral mientras reza el padrenuestro.

Es interesante destacar que, a diferencia del primer tratamiento, solamente al segundo día el terapeuta diagnostica la enfermedad que aqueja al paciente.

Una forma de prevenir que ciertas personas "echen cosas a la casa", consiste en "curar la casa, o protegerla por medio de somereos o riegos de agua".