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ZOQUE-POPOLUCA.

Descripción de demandas


Huachicaco. Embrujo o echo

El huachicaco, traducido por los informantes con los términos de "embrujo" o "echo", es una de las causas de demanda de atención de la población de las zonas zoque-popolucas, que atienden sus terapeutas tradicionales. Se trata de una afección producida por el deterioro de las relaciones interpersonales entre los habitantes de las comunidades del grupo, y puede llegar a ser una dolencia mortal (V. brujería).

El origen del embrujo es el sentimiento de envidia de un sujeto hacia otro, el cual se manifiesta en el deseo tenaz de ocasionarle un daño. Para llevar a cabo su cometido, el agresor solicita los servicios de un brujo -de ahí deriva uno de los nombres de la enfermedad-, quien pone en práctica los procedimientos indicados, de los cuales resulta el embrujo o echo; este último término refleja con bastante fidelidad la forma como la víctima de la envidia llega a contraer la afección: ésta es "echada" a ella, generalmente mediante el consumo de un alimento contaminado con el mal. La persona embrujada comienza entonces a sentir una serie de síntomas, tales como "no ver más que negro", inflamación del vientre, dolores intensos de cabeza, diversos malestares en el cuerpo, mareos, dolor en los ojos, punzadas en los dedos de los pies y de las manos e insomnio. La manera específica como el brujo actúa, es ordenando a ciertos animales que, de noche, se dirijan a casa de la víctima y que, una vez allí, "chupen el pie de una persona, quien no puede sentirlo en ese momento"; sólo después se da cuenta de lo ocurrido, cuando percibe lo blanco que está su cuerpo por la sangre que ha succionado el animal. Esto acontece varias veces; así, el enfermo se va debilitando gradualmente hasta que muere.

El sujeto afectado de embrujo comienza a sospechar acerca de la naturaleza de los malestares que siente, después de haber consultado con algún médico alópata y no lograr alivio alguno con el tratamiento prescrito por éste. Sin embargo, sus conjeturas se convierten en certeza cuando en su casa comienzan a ocurrir ciertos fenómenos, como la aparición intempestiva, en el interior de la vivienda, de un animal, que puede ser un pájaro o un gato; o bien la serie de ruidos sin base tangible, que escucha de preferencia durante la noche: maullidos, ruidos semejantes a los que hacen los pavos, o bien verdaderos estampidos como si alguien derivase trastos y botellas. Las características del relato que hace el paciente, aunadas a los síntomas que manifiestan, permiten al terapeuta establecer el diagnóstico.

El tipo de tratamiento que puede recibir el sujeto afectado depende del lugar de residencia del curandero a quien se solicita la atención médica. Si es uno que vive en la misma localidad que el brujo, el enfermo sólo puede obtener una curación momentánea, ya que el terapeuta teme sufrir una represalia por parte del brujo -considerado más poderoso que cualquier otro especialista tradicional-, si llega a erradicar definitivamente el mal. Según los informantes, brujo y curandero se comunican "invisiblemente", lo cual significa que "están de acuerdo". Una de las alternativas que tiene el enfermo para sanar de manera definitiva, consiste en trasladarse a alguna comunidad alejada y buscar allí la ayuda especializada que necesita.

El tratamiento para curar un echo, consiste en la aplicación de limpia_con_huevo y albahaca, así como con una loción de venta en boticas. La limpia es también una forma de diagnóstico y de pronóstico, por cuanto la primera vez que se practica es posible "ver" claramente el tipo de agente que está ocasionando el mal. Así, cuando el terapeuta rompe el huevo después de la primera limpia, en su interior "ve la señal del embrujo, que puede ser una cruz o alguna otra señal de muerte", comenta un curandero. A medida que se va repitiendo el procedimiento, el blanquillo y los demás elementos de la limpia van quitando el daño en forma paulatina del interior del paciente, hasta "limpiarlo" completamente. El terapeuta comienza la curación pasando el huevo por todo el cuerpo, empezando por la cabeza, luego por el pecho y la espalda y, por último, por las extremidades; enseguida sacude sobre el enfermo una rama de albahaca, y finalmente lo rocía con la loción. La limpia va acompañada de rezos en los que el curandero invoca "el verdadero nombre del Señor".