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frío-calor

Categorías opuestas y complementarias que regulan estados del cuerpo humano y de sus componentes, así como diversos aspectos del hábitat y de la vida cotidiana del hombre. Dichos aspectos son: la alimentación, las enfermedades y sus remedios, el ciclo de vida y la reproducción, los fenómenos naturales, los colores de los objetos, los días de la semana y los meses del año. Las categorías no se refieren necesariamente a la temperatura real de las cosas. En la mayoría de los estudios hechos sobre la medicina popular mexicana, se identifica a este binomio como una herramienta teórica usada por los curanderos para caracterizar a las enfermedades y prescribir remedios, la mayoría de los cuales son plantas; sin embargo, existen estudios que cuestionan tal aseveración.

El origen de la taxonomía frío-calor en México es motivo de discusión entre los investigadores. Foster (1) propone que dicho binomio proviene de la teoría humoral europea, y fue traído por los médicos españoles. Con el transcurso del tiempo, la díada —según el mismo autor— se incorporó a la cultura popular de la Nueva España. Sin embargo, la asimilación popular de la teoría europea de los cuatro humores no fue completa. Ésta contemplaba las siguientes categorías: frío, caliente, húmedo y seco. Las combinaciones posibles para determinar un estado patológico, un recurso terapéutico o un órgano del cuerpo eran: frío-seco, frío-húmedo, caliente-seco y caliente-húmedo. Además, la teoría médica española presentaba las cualidades térmicas en cuatro grados de intensidad. Foster argumenta que los conceptos de seco y de húmedo, así como la estricta graduación en cuatro intensidades, se perdieron cuando la doctrina humoral se incorporó a las prácticas médicas populares. Este autor niega el origen americano de dicha taxonomía.

En oposición a Foster, López Austin, si bien reconoce la indudable influencia española en el actual sistema de frío-calor, sostiene su origen americano. La disertación que hace parte de la cosmovisión prehispánica, donde el cosmos se encontraba dividido por un plano horizontal que separaba al gran padre, el cielo y el Sol, de la gran madre, la tierra; el primero abarcaba todo lo caliente, y la segunda (que incluía las lluvias y los aires) era concebida como fría (2 y 3). Los datos de la literatura etnográfica actual señalan que esta dicotomía en el entorno natural del hombre sigue vigente. Además, López Austin retoma la argumentación de Foster y plantea una interrogante, la cual constituye un poderoso argumento a favor del origen americano de lo frío y lo caliente: si el binomio fue introducido, y después degeneró, perdiéndose las nociones de lo seco y lo húmedo, ¿cómo es posible que tal degeneración fuera tan perfecta y tan uniforme en todo el territorio de la Nueva España?

Es necesario aclarar que actualmente la dicotomía frío-calor, si bien está ampliamente difundida a nivel nacional, no es usada por todos los grupos étnicos del país. Por ejemplo, Felger (4) hace explícito que los seris no la reconocen.

Aparte de la no universalidad del sistema frío-calor en México, aparece una serie de inconsistencias en su aplicación. En la literatura se menciona con frecuencia la caracterización de la díada como una herramienta teórica usada por los curanderos para determinar la prescripción de plantas medicinales y otros remedios (5 a 10). Esta afirmación presupone una uniformidad de criterios en la asignación de la cualidad fría o caliente de los recursos terapéuticos, por lo menos a nivel de comunidad, e indiscutiblemente a nivel individual. Sin embargo, esto no corresponde a la realidad. Foster (11) ha encontrado en Tzintzuntzan, Michoacán, una gran variabilidad, tanto entre los curanderos de dicho lugar, como a nivel individual, en cuanto a la asignación de la cualidad de un remedio determinado. Es decir, no hay acuerdo en la naturaleza de un grupo de plantas entre los terapeutas tradicionales de Tzintzuntzan, y además, un mismo curandero a veces designa una planta como fría, y otras como caliente. Basándose en sus observaciones, Foster ha agrupado los remedios vegetales de Tzintzuntzan en tres grupos: el primero consiste en aquellas especies sobre cuya calidad caliente hay consenso; el segundo grupo está formado por las plantas calificadas como frías por unanimidad; y el tercero se compone de todos aquellos remedios para los cuales no hay acuerdo. Es menester mencionar que este último grupo concentra el mayor número de especies vegetales. Resultados similares obtuvieron Mathews (12) —quien analizó las propiedades asignadas a ciento dos alimentos en una comunidad oaxaqueña—, y Alcorn (13) —que realizó un estudio etnobotánico entre los huastecos—. Otro trabajo relacionado es el de Rommney et al. (14), realizado en la ciudad de Guatemala, y en el cual se pretendía poner a prueba una técnica estadística para determinar el grado de uniformidad de las creencias médicas de un conjunto de veinticuatro informantes. Los resultados de dicho estudio fueron los siguientes: los informantes dieron respuestas muy similares respecto del contagio de veintisiete enfermedades; sin embargo, en lo referente a su naturaleza fría o caliente, hubo poca uniformidad.

Foster explica las contradicciones mencionadas de la manera siguiente: el binomio frío-calor juega un mínimo papel en la prescripción; más bien se recetan remedios de comprobada eficacia empírica, independientemente de sus supuestas cualidades frías o calientes. Es decir, la teoría del frío-calor valida el tratamiento a posteriori, no a priori. Este argumento parece reforzarse por los reportes de otros autores, aparte de los ya mencionados, en investigaciones realizadas en Morelos, el Estado de México, el Distrito Federal y la sierra mazateca, donde sale a luz que una enfermedad fría se cura con remedios calientes, y en ocasiones con remedios fríos; lo mismo sucede, pero a la inversa, con enfermedades calientes (15 a 18). Además, el léxico médico popular también acuña los términos de cordial y templado, con igual referencia: una sustancia que no es ni fría ni caliente, o bien, que a veces actúa como fría, y otras veces como caliente (19 y 20). La existencia de dichos términos seguramente posibilita una gran versatilidad en la prescripción de remedios.

En varias regiones del país se reporta el siguiente proceso que conduce a un malestar: estar caliente y exponerse a lo frío (es interesante observar que casi no se reporta lo contrario: estar frío y exponerse a lo caliente) (10) (13) (21). El resultado de aquel proceso conduce a enfermedades de diversa índole: por ejemplo, para los purépechas, deviene una dolencia fría, generalmente relacionada con problemas respiratorios (21), y para los huastecos, dicho proceso internaliza el calor, lo que provoca una fiebre muy caliente (13). Independientemente de las derivaciones del cambio de estado mencionado, es menester señalar que este mismo cambio es el que, en teoría, devuelve la salud al individuo: es decir, para curar una enfermedad caliente la literatura reporta el tratamiento basado en elementos fríos.

Algunos autores intentan traducir lo frío y lo caliente a conceptos usados por las ciencias naturales (biología y química). Así, Rojas Alba relaciona las plantas calientes con el ph básico, un alto nivel de carbohidratos y la abundancia de vitamina C; mientras que las plantas frías presentan un ph ácido, bajo contenido de carbohidratos y altos niveles de vitamina A, D, K y E (22). Este tipo de determinismo químico está en contradicción con los resultados obtenidos por Foster, Mathews, Alcorn y otros autores.

La coherencia de la taxonomía frío-calor no estriba en las asignaciones específicas, sino en la forma global en que opera ésta. No obstante, es justo reconocer que existen ciertos sujetos con una asignación invariante. Tal es el caso de las embarazadas, consideradas de naturaleza caliente en todos los grupos donde se reconoce la dicotomía (9 y 10) (15) (19).

Mathews, en su estudio sobre la clasificación de alimentos, encontró que dichas categorías se mueven en varias dimensiones o contextos (12). Esta observación no sólo es válida para la comunidad oaxaqueña donde él trabajó, sino también para todos los lugares en donde opera tal sistema.

Al analizar la bibliografía sobre el tema, se detectaron siete contextos fundamentales vinculados entre sí, que inciden en el ámbito de la salud, a saber: a) la dieta, b) la causalidad de enfermedades y sus tratamientos, c) el entorno natural, d) las partes del cuerpo, e) el ciclo de vida, f) la representación simbólica y g) el calendario. Existe una octava dimensión, menos vinculada al problema de la salud, referida a ciertas prácticas agrícolas. Sin embargo, hay algunos sujetos de clasificación que operan en más de un contexto, y al pasar de uno a otro, pueden cambiar de cualidad. Una planta usada en la dieta presenta una cierta propiedad térmica, pero si se usa para tratar una determinada enfermedad, a esta planta se le puede asignar la "temperatura" contraria a la que tenía en el marco de la dieta. Esta movilidad entre contextos posiblemente sea una de las causas de la antes mencionada variabilidad ínter e intra informante, en cuanto a la asignación fría o caliente.

En lo referente a la dieta, existe la idea en casi toda la república de que ésta debe ser neutra; es decir, compuesta por elementos fríos y calientes, de tal manera que el resultado final no se incline hacia una de las dos categorías (7 y 8) (10) (15 y 16) (23 a 25). Es en el tema de la dieta donde mejor se aprecia el concepto de equilibrio, en el cual la suma de los contrarios conduce a la anulación del predominio de lo frío o de lo caliente. Ingham ilustra este principio con el siguiente ejemplo de Tlayacapan, Morelos, en donde una típica comida de tres platillos consiste en arroz (frío), seguido de un segundo platillo que combina tanto elementos fríos como calientes, y termina con frijoles negros (caliente). Todos los segundos platillos consisten en un alimento central inmerso en un medio de cualidad opuesta. Por ejemplo, la carne de res (caliente) se sirve en una salsa de tomate (fría), o bien en mole verde (frío); la carne de barbacoa (fría) se sirve en hojas de elote (caliente) (23). Además de las combinaciones de alimentos, éstos pueden cambiar de naturaleza según el procedimiento empleado para cocinarlos. Así, en Yucatán, aquellos alimentos preparados en el horno de tierra son fríos, en cambio, lo que se cuece en una olla es caliente (2) (15).

En cuanto a las enfermedades y sus remedios, la fórmula de neutralidad, equilibrio o efecto de contrarios deja de operar con la misma fuerza que respecto de la dieta. Si bien predomina la idea de que un padecimiento frío debe curarse con un remedio caliente, y viceversa, aparece también el fenómeno de la semejanza o la afinidad; es decir, una enfermedad de cierta cualidad se cura con una planta de cualidades análogas (15 a 17). Además, se hace patente que los remedios de un cierto tipo presentan distintas intensidades; en este sentido se habla de lo fresco y lo tibio, es decir, elementos fríos y calientes pero de menor intensidad. Como ya se ha dicho antes, este sistema de clasificación no funciona en forma determinista. Sin embargo, si bien no hay asignaciones absolutas, sí aparecen ciertas tendencias predominantes y regularidades en los datos etnográficos. Los morbos que presentan erupciones en la piel, como el sarampión, la erisipela y los granos, son generalmente concebidos como una acumulación de calor (10). Las enfermedades frías se refieren a distintos problemas respiratorios, como los catarros (21) (V. gripa), además de algunos trastornos digestivos como la disentería blanca y la flatulencia (estar "aventado") (16) (24). No obstante, a nivel digestivo, también se dan los males calientes, como la disentería con sangre (17) (25). Los síndromes de filiación cultural ofrecen un patrón interesante, en donde una marcada tendencia es la relación del mal aire con el frío, y del mal de ojo con el calor (más adelante, al analizar los contextos de entorno natural y de ciclo de vida, se explicarán las causas de estas relaciones) (10) (26 y 27). En el caso del espanto, sucede un fenómeno diferente, puesto que algunos son fríos y otros calientes (9 y 10) (24) (28) (V. susto). Esto no necesariamente se debe a sintomatologías distintas, sino más bien a la causalidad; es decir, en qué lugar se asustó el sujeto, y qué tipo de entidad provocó el espanto. El agua y las deidades asociadas a este líquido, como es el caso de algunos chaneques, provocan un espanto frío (V. espanto de chaneque). Lo anterior manifiesta componentes del contexto que se refiere al entorno natural. Cuando las categorías frío-calor se aplican a las fuerzas de la naturaleza, hay menos discrepancias entre las distintas etnias, así como entre sus integrantes. La luz solar está asociada con el calor (5) (7) (16) (19) (25) (29), mientras que el aire y el agua tienen relación con el frío (5) (7) (24 a 26) (29 a 31). Estas nociones explican por qué el espanto de chaneque y el mal aire son enfermedades frías. Como ya se ha dicho, Alcorn encontró que los huastecos no le prestaban mucha atención a la dicotomía frío-calor para la clasificación de los vegetales. No obstante, insistió en preguntarle a sus informantes cómo llegaban a determinar la cualidad de una planta cuando no disponían de antecedentes previos. Ellos respondieron que si crecía en la cima de un cerro, o bien en una zona talada o descampada, donde recibía sol, seguramente sería caliente; en cambio si la planta crecía junto a un arroyo, seguramente sería fría (13). Esto ilustra la manera en que los médicos populares pueden resolver un problema —por ejemplo, el tratamiento de una enfermedad—, encuadrado en un contexto recurriendo a la información con que se cuenta en otro medio. También ilustra la forma en que los médicos "tradicionales" recurren a la experimentación, y por ende a la generación de conocimientos nuevos, lo cual deja en entredicho su alegado tradicionalismo, entendido como la permanencia de creencias invariables que se transmiten de una generación a otra.

Aquellos grupos que usan el sistema frío-calor para referirse a la constitución del cuerpo humano, hacen hincapié en señalar que ambos elementos se encuentran alojados en distintos órganos. Así, los mazatecos consideran al hígado como un órgano caliente, y al estómago como un órgano frío (20). Investigaciones realizadas en el Distrito Federal señalan que tanto el hígado, como los riñones y los pulmones son considerados calientes (15).

La concepción acerca de la totalidad del cuerpo humano constituye un problema interesante. Si se parte de la idea de que dicho binomio opera fundamentalmente mediante el concepto de equilibrio neutro, entonces la totalidad del cuerpo debe ser templada (o cordial) por el efecto de los contrarios. Sin embargo, la literatura revisada muestra un panorama más complejo. Al parecer, los seres humanos saludables no se encuentran necesariamente en un estado neutro. Para los zapotecos, la gente nace ya sea fría o caliente, cualidades preponderantes en sus vidas, más allá de los cambios de estado momentáneos producidos por un trance morboso. Se dice que la gente caliente resiste mejor las enfermedades, pero esto no significa que la gente fría sea enclenque, o que tenga una baja esperanza de vida (32 y 33). Algo similar reportan Mellado et al. para Morelos, donde se cree que la gente nace con una naturaleza débil o fuerte (33). La naturaleza débil está asociada al frío, y la fuerte al calor. El caso más ilustrativo de una predestinación fría es la de los gemelos, quienes, por compartir una misma fuente de calor en la matriz, nacen descompensados y sus almas quedan siempre ávidas de dicho calor (33). Por lo tanto, la curación de una enfermedad fría, en un individuo de por sí frío, no requiere, como comúnmente lo reporta la literatura sobre medicina tradicional, un remedio tan caliente que regrese al paciente a un estado neutro, sino a un estado donde el equilibrio esté cargado hacia lo frío. Este argumento, invertido, vale también para un individuo caliente.

La discusión anterior sirve para introducir el tema del ciclo de vida mencionado antes. Más allá de la predestinación fría o caliente referida por algunos grupos, la cualidad de una persona puede cambiar, aunque sea por un periodo determinado. Aparte de los episodios de enfermedad que implican un cambio de estado, hay un evento fundamental en la vida de las mujeres que conlleva a un cambio de aproximadamente nueve meses de duración: el embarazo. Como ya se ha dicho, una de las grandes constantes de tal clasificación es señalar a las embarazadas como calientes (las mujeres que nacen excesivamente frías, son estériles). Una vez pasado el parto, la puérpera no regresa a su estado "térmico" normal; en varias regiones del país se dice que la puérpera está fría, y para que recupere un cierto equilibrio ad hoc con su persona, debe bañarse en el temazcal.

Entre los tzeltales y tzotziles se manifiesta claramente la idea del cambio de estado a lo largo de la vida. En estos grupos, la persona va acumulando calor mientras madura y asume más responsabilidades. Debido a ello, el adulto es el mayor agente causal de mal de ojo (27) (34 y 35). Seguramente, la causalidad de este padecimiento en todo el país está relacionada con una concepción que los tzotziles y tzeltales hacen explícita, pero que sólo subyace al discurso médico de otros pueblos de México: el calor aumenta con la edad. Pareciera haber una relación metafórica entre la vida del individuo y el aumento perceptible del calor solar en el transcurso del día. Además, el incremento calórico con la edad puede vincularse con otra concepción difundida en el país, la cual considera que el trabajo en la milpa calienta a la persona. Ser responsable de una milpa es un trabajo propio de adultos, además de considerarse la actividad productiva vital en el medio rural mexicano.

En lo tocante a la representación simbólica de las categorías, se considera que lo caliente representa la masculinidad, mientras que lo frío está asociado con lo femenino. Además, el calor se vincula con colores oscuros, como el rojo y el negro; lo frío se representa mediante el color blanco. Algunos autores reportan que tanto el azul como el verde claro son colores cordiales (16).

Aunque el contexto referente al calendario es el que presenta los datos más incompletos, su análisis resulta importante. Entre los nahuas de Tecospa, Estado de México, los martes y viernes son días calientes; asimismo, se considera que también lo son los meses de noviembre, diciembre, enero, marzo, abril y mayo; los primeros tres porque coinciden con las heladas, un elemento caliente ya que quema las plantas, y los últimos tres porque es cuando se siente más calor. Los meses de febrero y junio son templados, y la canícula, del 16 de julio al 29 de septiembre, se considera una época fría, con abundancia de enfermedades (16).

Finalmente, existe un contexto en el cual se usa la dicotomía frío-calor, pero tiene relación indirecta con la salud y es referido esencialmente a la preparación del suelo para uso agrícola. A juicio de los campesinos tlaxcaltecas, los fertilizantes químicos son fríos, mientras que el estiércol es caliente. Para aplicar correctamente el abono, los agricultores mezclan los fertilizantes con el estiércol, para no alterar la cualidad del suelo hacia uno de los dos polos. En este caso, al igual que en el de la dieta, opera el equilibrio neutro basado en la eliminación de contrarios, posiblemente porque el enriquecimiento del suelo es visto como una alimentación proporcionada a la tierra (36).

Índice de Autores


(1) Foster, G. M., 1972.

(2) López Austin, A., 1984a.

(3) López Austin, A., 1990a.

(4) Felger, R. et al.1985.

(5) Moreno Armendáriz, L. et al. 1983.

(6) Latorre, F. et al.1976.

(7) Ryesky, D., 1976b.

(8) Reyes Gómez, L, 1988.

(9) Hermitte, E. R, 1970a.

(10) Guiteras Holmes, C., 1952.

(11) Foster, G. M., 1988.

(12) Mathews, H. F., 1983.

(13) Alcorn, J. B., 1984.

(14) Romney, K. et al.1986.

(15) Álvarez Heydenreich, L., 1987.

(16) Madsen, W., 1960.

(17) Palacios de Westendarp, P., 1986.

(18) Incháustegui, C, 1977.

(19) Cosminsky, S., 1978.

(20) Pérez Hernández, A. et al.1983.

(21) Young, J. C., 1981.

(22) Rojas Alba, M., 1982.

(23) Ingham, J. M., 1970.

(24) Schefler, L., 1988.

(25) Sepúlveda, M. T., 1988.

(26) Harman, R. C., 1974.

(27) Signorini, I., 1982.

(28) García Jiménez, S., 1984.

(29) Olavarrieta Marenco, M., 1977.

(30) Sassoon Lombardo, Y., 1979.

(31) Ramírez Castañeda, E., 1987.

(32) Scrimshaw, S. et al.1978.

(33) Mellado Campos, V. et al.1989.

(34) Villa Rojas, A., 1963.

(35) Gossen, G. H., 1979a.

(36) Wilken, G. C, 1987.

DM


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