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shuta tshinea

Mazateco, persona sabia, hombre de conocimiento (1). También chuta chiné (2), chota-a tchi-née (3). Sinónimo: brujo, hombre de conocimiento, sabio.

Nombre genérico que reciben los terapeutas mazatecos cuyo oficio está centrado en las artes de la curación, sean ellos hueseros, culebreros, hierberos, parteras o rezanderos, e incluso brujos a quienes también se les designa con el nombre de shuta teej o shuta íaa (l), o bien, tji-ée (3).

Los mazatecos distinguen tres categorías de curanderos: en el plano inferior ubican al brujo, en el medio al curandero, y en la tercera y más alta categoría, al sabio y médico. Éste es reconocido en la localidad de Huautla de Jiménez, Oaxaca: tal personaje no hace maldad ni usa brebajes para curar, emplea los hongos en sus diagnósticos y, para sus curaciones, los da de comer a sus pacientes (4).

La mayoría de los terapeutas mazatecos aseguran haberse iniciado en su oficio a través de un "viaje" a Do Asean, sede de los dioses principales, travesía en cuyo transcurso los sentidos se alteran por la ingesta de psicotrópicos, hongos alucinógenos (Psilocybe spp.), semillas de la virgen (Turbina corymbosa o Ipomoea violacea), o bien la hoja de la pastora (Salvia divinorum ). Esta crisis vital por la que atraviesan en su viaje iniciático, los marca y distingue de la gente de su grupo, pues deben ser especialmente poderosos para soportar las visiones terroríficas de semejante prueba.

En el viaje de iniciación se pasa por tormentos, se lucha a muerte contra una víbora que atraviesa el cuerpo, o bien se tienen que soportar pruebas sin quejarse, como por ejemplo la introducción de gusanos peludos en la boca u otros orificios del cuerpo. Si se pasan las pruebas significa que se es suficientemente poderoso para ser brujo, curandero o hechicero. Solamente aguantando ese 'espanto' se adquiere poder (1:179).

Sobrevivir a los tormentos equivale a morir como individuo común dentro de la sociedad y renacer como hombre de conocimiento. De hecho, muchos sabios afirman que antes de su conversión estaban muy enfermos y en peligro de muerte, y que sólo por medio del viaje revelatorio se percataron de su vocación. Aseguran que durante el viaje iniciático, los seres principales son quienes les otorgan los recursos y conocimientos necesarios para ejercer la especialidad elegida, además de asignarles al ser sobrenatural que los guiará en su oficio (1).

Ponen sobre su mesa sagrada relojes, papeles, libros, estrellas, rocío o águilas. Los Seres Principales preguntan a los iniciados: '¿Qué tipo de sabio quieres ser? ¿Quieres que te guíen los Señores de las Montañas, los dueños de los lugares o quieres que te guíe Dios Cristo? Entonces, el iniciado escoge y le dice a los Seres Principales qué prefiere. En ese momento… recibe un libro que contiene el lenguaje que ha escogido' (4:125).

Además, los hongos permiten saber quién es el shimaje , su doble o alter ego , con quien se habla para poder adquirir la fuerza y así lograr comunicarse con los señores de los lugares, Chikón Nangui o Chickón Dijua, o bien con los santos, las estrellas o el diablo (4) (V. nagual y tona).

Aunque la mayoría de los iniciados afirman haber accedido al oficio por medio de la ingesta de hongos, hay quien manifiesta haberlo aprendido junto a un maestro, con frecuencia un familiar cercano, el que lo elige al descubrirle suficiente poder mental como para pasar las pruebas. Lo "entrega" entonces a Dios o al diablo, en una ceremonia en la que el iniciado hace un juramento o pacto y escoge la especialidad deseada. Es en este momento que ingiere los hongos para viajar a Do Asean, lugar de trece compartimientos y residencia de los espíritus de los doce santos, ocupando el maestro brujo el decimotercer lugar (1). En Viejo Soyaltepec, Oaxaca, se dice que los que van a aprender el oficio, antes de escuchar las pláticas de los maestros, tienen que tomar una jícara mediana que contiene semillas molidas, espesadas en agua, de la planta conocida bajo el nombre de manto de la virgen (Turbina corymbosa o Ipomoea violacea ) (2). De esta forma, el aprendiz pasa por un estado de concentración y lucidez mental que le permite escuchar con detenimiento, y aprender sin olvidar nada.

Para poder representar el papel de mediador entre el mundo humano y lo sagrado, el aspirante a curandero deberá estar dispuesto a respetar el celibato, condición fundamental de las prácticas terapéuticas. Esto explica por qué la mayoría de los shuta tshinea son ancianos y viudas, o bien "chotos". A éstos se les denomina así, sea porque dentro de sus actividades se descarta la actividad productiva del hombre, "trabajar la tierra", o porque en realidad existe una tendencia a la homosexualidad, naturaleza que según Boege no es considerada "como un producto de excentricidad social sino más bien como uno de los ejes centrales de la concepción mazateca del mundo que traspasa barreras entre el hombre y la naturaleza para entrar en la esfera de lo sagrado" (1:174) (V. sexo).

Es de especial importancia el papel que juega el shuta tshinea dentro de la organización familiar y colectiva, pues al surgir del seno mismo de la sociedad mazateca, es quien mantiene, protagoniza y da sentido a su mundo de tradiciones y creencias. Organiza y dirige cada ceremonia en su función de curandero o brujo; actúa como un abogado que intercede frente a los dueños de la naturaleza o frente a Dios; se encarga de atestiguar y resolver los conflictos entre matrimonios, familias e integrantes de la comunidad. Como mediador con lo sobrenatural, puede curar sin ser médico, actuar como rezandero sin ejercer ese oficio, o bien hechizar sin ser brujo (1 y 2).

Los psicotrópicos son los principales recursos utilizados por los hombres y mujeres de conocimiento, pues bajo sus efectos adivinan la enfermedad y su causa, auxiliándose del diálogo con el paciente o con sus familiares. Dominan otras técnicas adivinatorias como leer la vela, echar el maíz y tomar el pulso del paciente (V. adivinación con granos de maíz, adivinar por velas, pulsar), lo que también les permite conocer el origen de las enfermedades. Para curar, se comunican con los espíritus de los mejores médicos, o bien recurren a los fenómenos de la naturaleza para hacer una maldad (1 y 2) (5). En las ceremonias, mientras los asistentes guardan silencio, el curandero narra lo que el hongo le comunica; de hecho, al terminar cada frase, mencionan el vocablo tzo, que significa "dice": "… es como si le dijeran a uno lo que tiene que decir… las palabras saltan a la mente, no es necesario buscarlas…" (5: 48).

Además del manejo de las fuerzas sobrenaturales en sus terapias, los shuta tshinea son expertos conocedores de la herbolaria y otros recursos y técnicas propios de su especialidad.

Índice de Autores


(1) Boege, E., 1988.

(2) Incháustegui, C., 1977.

(3) Cerda Silva, R. de la, 1957c.

(4) Estrada, A., 1984.

(5) González Montiel, O., 1988.

MM y SM


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